Victimismo: cómo dejarlo y tomar las riendas de nuestra vida

Hoy os traigo una herramienta excepcional, que utilizo en mi vida diaria y también en mi trabajo con personas en psicoterapia, coaching y formación. Me encontré con ésta herramienta hace ya años, de la mano de la fundación Olde Vechte, que la utiliza muy a menudo en sus proyectos y es una piedra angular de su cultura como organización.

Esta herramiento vino a mí en un momento de mi vida en que vivía, pensaba y actuaba como una víctima. Todos los hacemos a lo largo de nuestra vida, y lo fundamental es darnos cuenta de que estamos jugando a ese juego. Esta es una herramienta muy simple, que puedes utilizar en tu vida desde ya mismo.

¿Pero qué entendemos por víctima? No me refiero a víctima de un asalto físico, de abusos, o de violencia… utilizo la palabra víctima como “víctima de las circunstancias“, la perspectiva desde la cual miramos a los acontecimientos de la vida como sucesos con causas externas que nos ocurren a nosotros, sin que podamos hacer nada por evitar el golpe.

En la vida, muchos vivimos en piloto automático. Vamos conduciendo por la vida sin estar presentes, pensando en lo que sea del pasado o del futuro. Cuando de repente nos la pegamos contra algo, nuestro reacción automática es ¡Joder!. Después empezamos a culpar a otros de nuestra desgracia: el otro conductor, menudo inútil; mujer tenía que ser; esta curva no está bien señalizada.

Cuando ya no nos queda gente a la que culpar por nuestras desgracias, empezamos con las excusas, para lejar la culpa de nosotros mismos: no he tenido un buen día; no dormí bien y por eso iba distraído; hace poco que tengo el carnet de conducir; no vi aquella señal.

Y cuando ya nos queda creatividad o energía para culpar y buscar excusas, nos sentamos a esperar que las cosas se arreglen por sí solas, o que alguien más venga a salvarnos.

Me gusta mucho utilizar ésta metáfora para ilustrar la actitud victimista.

¿Pero cómo nos hacemos responsables? ¿Cual es el punto de inflexión para salir del victimismo?

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Probablemente nos encontremos con resistencia. El paso crucial para abandonar el victimismo es aceptar la realidad. Abrir los ojos, mirar lo que está ocurriendo, sin juicios ni excusas ni historias. Esto es lo que hay. ¿Me gusta? ¿Quiero que esto siga ocurriendo en mi vida?

Después viene la implicación. ¿Cuál es nuestra parte en ésto? ¿Es éste problema nuestro, o de otra persona? ¿Qué he estado activamente haciendo para que esto ocurriese en mi vida? ¿Cómo he avivado las llamas? En éste paso, de poco sirve culparnos y fustigarnos con un látigo. Se trata de reconocer y aceptar lo hecho, y aprender de ello.

En éste punto, quedan dos posibles vías después de hacernos la pregunta ¿Qué puedo hacer para cambiar ésto? Si no hay forma en que podamos cambiarlo, la elección sana es la aceptación. Y si, en efecto, hay algo que podamos hacer para cambiar las cosas, es hora de buscar soluciones, y llevarlas a cabo. ¡Es hora de tomar acción!

Es una herramienta muy simple, y sin embargo, a muchos nos lleva muchos años desarrollar la madurez necesaria para llevar estos principios a la vida diaria e integrarlos completamente, en pensamientos, conversaciones y acciones.

Te invito a que te sientes en silencio y reflexiones sobre situaciones en tu vida en que te dejas victimizar, quedándote en la queja y la culpalización, sin tomar acciones y coger las riendas de tu vida. Y cuando hayas visualizado la situación, ¿cómo sería si vieras la situación desde el otro lado, desde la responsabilidad y la acción consciente?

 

Luis Miguel Real, psicólogo en Valencia, y autor de blog.

Luis Miguel Real es psicólogo en la ciudad de Valencia (número de colegiado: CV14890). Ofrece servicios de psicoterapia, coaching y formación. Está especializado en el tratamiento de adicciones, además de en terapia Gestalt, terapia cognitivo-conductual y técnicas de coaching.

9 comments

  1. Lo más fácil y cómodo para no ir a la herida es quejarse quejarse y quejarse, pero eso también duele. Así que merece la pena hacer el esfuerzo de tomar soluciones activas, tomar las riendas de nuestra vida y de manera constructiva ver qué nos está haciendo daño y podemos trabajar para cambiar, antes de acudir a lo más cómodo que es quejarse.

    1. Estoy muy de acuerdo contigo, Laura. Se ven mucho estas actitudes en terapia, verdad? Veo muy importante trabajarlas a diario, y así nuestros pacientes desarrollan más su autodeterminación. Un saludo!

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