Inteligencia Emocional: ¿en qué consiste?

 

Hace años que se desterró el mito de que el éxito en la vida se puede medir mediante los tests de inteligencia y Cociente Intelectual que nos pasaban de pequeños. Algunas teorías de la inteligencia  intentaban comprenderla desde ópticas diferentes, como la  Teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner, la teoría de Raymond Cattell (y otros) que explicaba las diferencias entre Inteligencia fluida y cristalizada, o la Inteligencia Emocional que popularizó Daniel Goleman.

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Daniel Goleman, impulsor del modelo de la Inteligencia Emocional

1. ¿Qué es la inteligencia emocional?

Ser emocionalmente inteligente no significa estar motivado para todo, tener alta autoestima o un optimismo excesivo. Al hablar de la inteligencia emocional, hablamos de una serie de atributos o rasgos.

Todo el mundo nos dice que tenemos que mejorar nuestra inteligencia emocional, nuestra autoestima, nuestro autoconcepto… ¿pero qué significa realmente todo esto? Muchas veces, el discurso acaba confundiendo a la audiencia más de lo que pretendía. Si somos críticos, evitaremos terminar con un batiburrillo de términos borrosos y poco claros.

«La inteligencia emocional es la habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud; la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad para comprender emociones y el conocimiento emocional, la habilidad para regular las emociones promoviendo un crecimiento emocional e intelectual”.

Salovey y Mayer

Las emociones juegan un papel vital en nuestro día a día

Si pensamos detenidamente en la trascendencia de nuestras emociones en nuestra vida diaria nos daremos cuenta rápidamente de que son muchas las ocasiones en que éstas influyen decisivamente en nuestra vida, aunque no nos demos cuenta. Gran parte de nuestras decisiones son influenciadas en mayor o menor grado por las emociones.

Ante esta realidad, cabe resaltar que existen personas con un dominio de su faceta emocional mucho más desarrollado que otras. Y resulta curiosa la baja correlación entre la Inteligencia clásica (más vinculada al desempeño lógico y analítico) y la Inteligencia Emocional. Un ejemplo de ésto es el estereotipo del estudiante “empollón”; una máquina intelectual capaz de memorizar datos y llegar a las mejores soluciones lógicas, pero con una vida emocional y sentimental vacía. Por otro lado, podemos encontrar personas cuyas capacidades intelectuales (tradicionales) son muy limitadas, pero en cambio consiguen tener una vida exitosa en lo que refiere al ámbito sentimental.

Este par de ejemplos extremos son poco habituales, pero nos sirven para percatarnos de que es necesario prestar más atención a esta clase de habilidades emocionales, que pueden marcar nuestra vida y nuestra felicidad tanto o más que nuestra capacidad para puntuar alto en un test de inteligencia convencional. Para eso es importante profundizar en la Inteligencia Emocional.

 

2. ¿Qué papel juegan nuestras emociones en el día a día?

Las emociones juegan un papel esencial. No es posible pasar un solo instante sin que sintamos algo. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos las emociones rigen nuestras acciones.

Se puede decir que sentimos a la par que pensamos  y que cualquier tipo de situación nos genera una emoción. Esto, sin duda, repercute en las decisiones que tomaos y en nuestra forma de comunicarnos con los demás.

3. ¿Qué errores cometemos habitualmente?

Habitualmente cometemos el error de rechazar las emociones negativas por, precisamente, ser dolorosas o incómodas. Con rechazar no solo me refiero a ignorar, sino que también las castigamos en los demás. Esto sucede de manera muy llamativa cuando estamos ante un berrinche de un niño, solemos decir cosas como “no llores”, “no es para tanto”, transmitiendo así el mensaje de que “las personas fuertes no lloran o no se derrumban”.

Reprimir las emociones no es un buen camino para gestionarlas. Pero hacerlas estallar, como cuando tenemos un acceso de ira, tampoco. Lo ideal es comenzar a entrenarnos en el control de nuestros estados anímicos y emocionales. De esta forma, podremos controlarlas en lugar de dejar que ellas nos controlen de forma desproporcionada.

Hemos de observar la emoción sin implicarnos con ella. Cuando estamos enfadados o tristes, lo correcto es observar ese enfado o tristeza desde la distancia mental. Observar y analizar qué lo provoca y no aferrarnos a la emoción para no caer en el error de dejarnos arrastrar por ella más tiempo del necesario. 

 

4. ¿Las emociones como la tristeza o el enfado son sanas?

No existen las emociones negativas.

Todas las emociones, agradables o desagradables, son sanas y necesarias. Cada emoción tiene un propósito evolutivo. La ira nos ayuda a defendernos de posibles peligros, y el miedo nos ayuda a evitar situaciones demasiado arriesgadas.

Como con todo lo demás, las emociones solo se vuelven insanas cuando se van al extremo. Una euforia excesiva en los momentos menos oportunos puede poner nuestra vida en riesgo, por no permitirnos tomarnos en serio lo posibles peligros de determinada situación.

No dar importancia a nuestras emociones y no revisar nuestro interior no nos permite escapar de ello. Cada emoción está presente en nuestro día a día por una razón y no podemos desoír lo que tienen que decirnos.

5. Elementos de la Inteligencia Emocional

El gran teórico de la Inteligencia Emocional, el psicólogo estadounidense Daniel Goleman, señala que los principales componentes que integran la Inteligencia Emocional son:

5.1. Autoconciencia emocional

Se refiere al conocimiento de nuestros propios sentimientos y emociones y cómo nos influyen. Es importante reconocer la manera en que nuestro estado anímico afecta a nuestro comportamiento, cuáles son nuestras capacidades y cuáles son nuestros puntos débiles. Mucha gente se sorprende de lo poco que se conocen a ellos mismos.

5.2. Autorregulación emocional

El autocontrol emocional nos permite reflexionar y dominar nuestros sentimientos o emociones, para no dejarnos llevar por ellos ciegamente. Consiste en saber detectar las dinámicas emocionales, saber cuáles son efímeras y cuáles son duraderas. No es raro que nos enfademos con nuestra pareja, pero si fuéramos esclavos de la emoción del momento, estaríamos continuamente actuando de forma irresponsable o impulsiva, y luego nos arrepentiríamos.

5.3. Automotivación

Enfocar las emociones hacia objetivos y metas nos permite mantener la  motivación y establecer nuestra atención en las metas en vez de en los obstáculos. En este factor es imprescindible cierto grado de optimismo e iniciativa ante los imprevistos.

5.4. Empatía

Las relaciones interpersonales se fundamentan en el reconocer las emociones y sentimientos de los demás, lo que expresan de forma inconsciente, y que a menudo emiten de forma no verbal. La detección de estas emociones ajenas (un gesto, una reacción fisiológica, un tic) nos puede ayudar a establecer vínculos más estrechos y duraderos con las personas con que nos relacionamos.

Además, el reconocer las emociones y sentimientos de los demás es el primer paso para comprender e identificarnos con las personas que los expresan. Las  personas empáticas son las que, en general, tienen mayores habilidades y competencias relacionadas con la IE.

5.5. Habilidades sociales

Una buena relación con los demás es una fuente imprescindible para nuestra felicidad personal, o incluso nuestro desempeño laboral. Así, gracias a la Inteligencia Emocional vamos más allá de pensar en cómo nos hacen sentirnos los demás. La Inteligencia Emocional nos ayuda a pensar en las causas que han desencadenado que otros se comporten de un modo que nos hace sentirnos de un modo determinado, en vez de empezar pensando en cómo nos sentimos y a partir de ahí decidir cómo reaccionaremos ante lo que otros digan o hagan.

Una forma excelente de desarrollar inteligencia emocional es la práctica del mindfulness.

 

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