Autoestima: Cómo reconciliarnos con nuestra voz crítica

La autoestima es otra palabra del mundo de la psicología que se lee y escucha en todo tipo de situaciones y contextos. Mucha gente la utiliza para márketing, para promociones en internet, para hablar de sus visiones de vida, o para diagnosticar problemas propios o de otras personas: “es que tengo la autoestima baja”, “es que no tengo autoestima”, “es que si tuviera una buena autoestima”, “tengo que mejorarme la autoestima”, etc…

Autoestima: aprecio que uno tiene de sí mismo

Entendiendo la autoestima

Las personas se dicen éstas cosas a sí mismas (o se dan cuenta de que se dicen éstas cosas a sí mismas) durante largos periodos de la vida. Muchas veces, estas creencias alojadas en el fondo de nosotros y repetidas por nuestro subconsciente una y otra vez, vienen de experiencias y aprendizajes del pasado.

Hay dos responsables principales de esto:

El primero es un colectivo, al que muchas veces llamamos “sociedad”: nuestros padres, nuestros compañeros de clase, nuestros profesores, nuestras parejas, etc, etc, etc. En algún momento, una voz externa nos dice que “lo estás haciendo mal” o que “no deberías hacer eso”. Interiorizamos esta voz externa, y se queda con nosotros durante el resto de nuestras vidas.

El segundo responsable es uno mismo: somos nosotros quienes interiorizamos esas voces críticas, y quienes las mantenemos dentro nuestro, quienes las escuchamos y dejamos que guíen nuestras emociones, decisiones y acciones.

La función de la voz crítica

No demonicemos a la voz crítica. Tiene una función. Las reglas y normas que recibimos durante la infancia tienen una función socializadora, y es parte del proceso natural por el que aprendemos a regularnos y a vivir en la sociedad, con otros seres humanos y bajo cierto encuadre.

Sin embargo, estas normas que interiorizamos, a veces se vuelven contra nosotros. Cuando se convierten en valoraciones, en expresiones de una fórmula condicional del amor y el afecto (“Si X, entonces eres malo, y no mereces ser amado”).

La baja autoestima, como fenómeno, es fruto de un comparación del autoconcepto, con una norma o barra de medir, “no ser suficientes” al ver un desfase entre la imagen que tenemos de nosotros, y la imagen que tenemos interiorizada de lo que “debería ser”.

Reconciliando la autoestima y nuestra voz crítica

Es inútil culpar a factores externos o eventos del pasado. Es inútil culpar a las personas de las que pensamos que cogimos esas creencias limitantes que ahora nos hacen tanto daño. Somos nosotros los que mantenemos ese juego, los que escuchamos y mantenemos esas creencias.

Esto no significa que no debamos tener una voz crítica. Las creencias que hemos interiorizado, las hemos hecho nuestras, tanto las positivas como las negativas. Nuestra voz crítica a veces nos recuerda que nos estamos desviando del camino que nos hemos marcado, que estamos yendo en contra de nuestros valores o principios, que nos estamos traicionando a nosotros mismos. Este conflicto interno se puede manifestar muchas veces en forma de tristeza, de culpa, o de rabia al rebelarse contra esa culpa.

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Es una de las parejas de polaridades más comunes con las que las personas se encuentran en sus procesos de crecimiento personal.

¿Cómo podemos reconciliarnos con nuestra voz crítica interior? ¿Cómo podemos reparar el daño y reconciliarnos con nosotros mismos? No creernos todo lo que nos decimos, coger nuestro sistema de creencias y sacudirlo. ¿Es así? ¿Quiero seguir cargando esto? ¿Qué bien me trae en éste momento?

En terapia, muchas personas, cuando conectan con ese amor a sí mismas, las nuevas creencias que crean para anclar ese nuevo estado son “me amo”, “me acepto”, o “lo merezco”, “soy suficiente” o “estoy completo”. Cuando satisfacer las expectativas externas ya no es tan importante como estar en paz con nosotros mismos.

Luis Miguel Real, psicólogo en Valencia, y autor de blog.

Luis Miguel Real es psicólogo en la ciudad de Valencia (número de colegiado: CV14890). Ofrece servicios de psicoterapia, coaching y formación. Está especializado en el tratamiento de adicciones, además de en terapia Gestalt, terapia cognitivo-conductual y técnicas de coaching.

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