Despenalización de la posesión de sustancias en Portugal: resultados asombrosos

Portugal se ha convertido en uno de los países con la sanidad pública y la política antidrogas más efectivas e inteligentes del planeta. Hace 16 años Portugal decidió despenalizar la posesión de todas los estupefacientes (todas y cada una las sustancias), desde la marihuana a la heroína. Y los resultados han sido asombrosos.

Consumir drogas en Portugal continúa siendo ilegal, pero el que es detenido con droga para consumo personal, en lugar de entrar en la cárcel, entra, voluntariamente, en programas de tratamiento de su dependencia, a no ser que prefiera pagar una multa. La sanción económica no la pone ningún juez, sino organismos sociales para la disuasión de la drogodependencias, principalmente el Servicio de Intervención en Comportamientos Adictivos y Dependencias (el SICAD), que dirige el doctor João Goulão.

La singularidad de la vía portuguesa, según reconoce Goulão, no es la descriminalización del consumo, sino “las políticas de reducción de daños y de reinserción social”. Portugal inició así un camino en el que se cambió la prisión por la terapia. Muchos ven en éste un modelo mucho más humanista y pragmático que el tradicional adoptado por la mayoría de países.

 

A día de hoy, la policía portuguesa no detiene a nadie que lleve consigo una cantidad de droga inferior a la dosis contemplada para 10 días de consumo personal — un gramo de heroína, de MDMA, o de anfetamina; dos gramos de cocaína, o 25 gramos de cannabis. En lugar de detener a aquellos que son interceptados con cantidades consideradas de uso personal, son citados ante los llamados “comités de disuasión”, formados por psicólogos, abogados y otros profesionales sociales.

La mayoría de los casos se quedan en nada más que en una advertencia, mientras que a aquellos individuos que hayan comparecido demasiadas veces ante el comité, se les sugiere que inicien un tratamiento. Este puede ser de varios formatos, desde procesos de psicoterapia a la prescripción de medicamentos, pasando por terapias con sustancias como la metadona.

Los comités pueden decidir aplicar multas o tratamientos alternativos para todos aquellos que han sido repetidamente sorprendidos, o para aquellos otros que ya han sido identificados como adictos.

Los usuarios recreacionales se exponen a ser multados y a ser condenados a penas consistentes en hacer trabajos comunitarios. Cuando un adicto se niega a hacer tratamiento, se le exige que acuda regularmente a la consulta de un médico de cabecera — normalmente el facultativo del municipio del adicto responsable de realizar los controles y otros servicios médicos contemplados por el sistema gratuito de salud pública portugués.

Cuando la persona no se presenta a su cita médica, entonces se le encarga a la policía local que le notifique personalmente que su ausencia ha quedado registrada. Lo más importante es procurar mantener el vínculo con el sistema de tratamientos

Uno de los aspectos más significativos es que la policía actúa de manera coordinada con los médicos y psicólogos del estado. El hecho de que las fuerzas del orden desempeñen la tarea de asegurarse de que los adictos cumplen con sus citas, demuestra hasta qué punto ha cambiado la situación con la de hace tan sólo 15 años, cuando los drogodependientes eran permanentemente criminalizados.

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Las organizaciones humanitarias trabajan paralelamente con el gobierno para suministrar agujas limpias, e incluso distribuyendo las pipas necesarias para fumar el crack.

También se abrieron los ‘Centros de Atendimento a Toxicodependentes’ (CAT), donde se ofrecía ayuda psicológica y médica a los adictos y enfermos que lo solicitasen. El éxito mostró que era un acercamiento mucho más eficaz que demonizar las drogas y meter en la cárcel a los adictos, que llegaron a representar casi la mitad de la población penitenciaria.

Una de los principales bases de la política portuguesa es considerar que no existen drogas blandas o duras. El problema no está tanto en la sustancia consumida, como en la relación que el usuario tiene con la misma. Es decir, existen relaciones saludables y no saludables con las drogas. El efecto que una de ellas causa varía de una persona a otra y depende del estado psicológico y la predisposición genética de cada uno, así como del contexto y circunstancias de la persona.

Otro de los pilares sobre los que se ha desarrollado la estrategia portuguesa sobre drogas ha sido que la relación no saludable de una persona con las drogas esconde problemas personales y dificultades en la relación con familiares, con amigos, con el entorno y con uno mismo. Además, el auge y éxito de las políticas de reducción de daños ha supuesto la asunción de que la total erradicación de toda droga es un objetivo imposible. Este es uno de los supuestos principales de éste modelo.

Por si fuera poco, la experiencia portuguesa también habla extremadamente bien de algo tan difícil de cuantificar como el efecto de una legislación en el comportamiento de una sociedad. Esto es: en una sociedad donde las drogas están menos estigmatizadas, las personas con problemas de toxicomanía tendrán menos dificultades para buscar ayuda que en una sociedad donde se percibe al consumidor como a un delincuente.

Las medidas alternativas de reducción de daños, tales como los cambios de aguja o los tratamientos con metadona o con buprenorfina, sirven tanto como para prevenir la propagación de enfermedades, como para detener el incremento de los casos de sobredosis.

Yo creo que las políticas de reducción de riesgos no tienen nada que ver con abandonar a la gente a su suerte o con creer que no se recuperarán. Se trata de respetar su proceso, y de asumir que incluso en el caso de que alguien siga consumiendo drogas, esa persona merece la inversión del estado, de un estado que haga lo posible por ofrecerle una vida mejor y más larga

João Goulão, responsable del programa nacional de drogas en Portugal

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La despenalización y las políticas de reducción de riesgos suponen una mayor consideración de los derechos humanos de los consumidores, mientas que permiten que las fuerzas de seguridad puedan dedicarse a otros menesteres.

En Portugal las drogas siguen siendo ilegales y los traficantes y los distribuidores siguen yendo a la cárcel por delitos relacionados con su negocio. Y lo cierto es que el país ha cumplido con los límites de la Convención sobre Estupefacientes de Naciones Unidas, cuyo sistema sugiere qué políticas abordar a nivel nacional.

Durante décadas, los numerosos tratados sobre drogas de las Naciones Unidas consideraron que la forma de combatir la drogodependencia era con penas de cárcel, lo que ha demostrado ser una bochornosa confusión de un problema de salud pública con un problema criminal.

Los responsables del programa no dan por hecho que su sistema sea ninguna panacea, pero desde su punto de vista, se ha provisto al sistema entero de coherencia. En Portugal tal ha sido una de las claves del éxito, puesto que ha contribuido de manera asombrosa a terminar con años y años de estigmatización y de culpa para los consumidores y para la sociedad en la que viven.

El doctor João Goulão resume los principales logros de las políticas de despenalización:

  • Ha disminuido el número de consumidores entre la población general
  • Aumenta la edad de inicio de consumo (no consumen desde tan jóvenes)
  • Ha disminuido el número de consumidores problemáticos o graves.
  • Ha aumentado la demanda de tratamiento.
  • Se ha producido una reducción en la prevalencia del uso de drogas inyectables (heroína, por ejemplo).
  • Disminución de la prevalencia de enfermedades infecciosas, como VIH o hepatitis.
  • Menor carga de delincuentes por sustancias ilícitas en el sistema de justicia penal.
  • Reducción de la pequeña delincuencia adquisitiva relacionada con el consumo de drogas.
  • Aumento de la eficiencia de las autoridades policiales y aduaneras en el tráfico masivo.
  • Disminución del estigma del consumidor de drogas, debido a una mayor tolerancia de los ciudadanos en relación con los usuarios y sus problemas.
  • En relación con las sobredosis, Portugal cuenta con la tasa de incidencia más baja de Europa (52 en 2010, 40 en 2015, 27 en 2016).

Espero que éste artículo os haya dado que pensar. ¿Es la “guerra contra las drogas” la única alternativa para conseguir una sociedad más segura? Deja algún comentario con tu opinión, y comparte el artículo.

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Luis Miguel Real, psicólogo en Valencia, y autor de blog.

Luis Miguel Real es psicólogo en la ciudad de Valencia (número de colegiado: CV14890). Ofrece servicios de psicoterapia, coaching y formación. Está especializado en el tratamiento de adicciones, además de en terapia Gestalt, terapia cognitivo-conductual y técnicas de coaching.

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