8 razones por las que caíste en la trampa del alcohol (y aún sigues en ella)

El alcohol es una droga. Definamos droga como cualquier sustancia que altera nuestro sistema nervioso. La cafeína o la nicotina son otras, y los medicamentos también (en inglés, medicamento es drug o droga). El alcohol es diferente de otras “drogas clásicas” en que es legal en cuanto a consumo y comercialización. No solo es legal, también está ligado a nosotros culturalmente. De ahí que muy a menudo veamos el alcohol como una sustancia inocua, “si se comercializa es que no hay peligro”.

El alcohol es tóxico. El alcohol daña y mata tus células. En cualquier cantidad, por pequeña que sea. He aquí algunas de las muchas razones por las que bebemos alcohol, aún sabiendo (o no queriendo admitir) que es un veneno para nuestro cuerpo y nuestra mente.

Falsos mitos sobre el alcohol

1. Algunos tipos de alcohol son sanos

Muchas personas, cuando les preguntamos porqué beben, citan con seguridad, como si recitasen algún artículo de la constitución: “los científicos dicen que una copita de vino al día es buena para el corazón.” ¡Menudo timo!

¿Quién creéis que encargó esas investigaciones científicas? Fabricantes y distribuidores de vinos, por supuesto. ¿Sabéis la calidad y fiabilidad científicas de esos “estudios científicos”? La mayoría de las veces, cuentan con una muestra muy pequeña, y esos resultados no son extrapolables. La calidad metodológica de esos trabajos es bajísima, y ningún investigador serio los tiene en cuenta. Somos presa de una estrategia de márketing. Es como si nos dijesen que la cocaína esnifada es buena para el catarro.

Hay muchísimos estudios más (y serios y sin intereses comerciales de por medio) que han demostrado que el alcohol es malo para el corazón. ¿Cómo puede ser una copita de vino al día buena para el corazón? Seguro que es mejor que tomar tres. Para tu corazón sigue siendo mejor no tomar ninguna.

2. Algunas bebidas saben bien: yo bebo por el sabor

Otro mito. No bebes por el sabor. ¿Recuerdas la primera vez que diste un sorbo a una bebida alcohólica? ¿Recuerdas las primeras veces que bebiste? ¿Qué sabor recuerdas? Un amargor horrible. Bébete un chupito de alguna bebida de 90% alcohol, y experimentarás el verdadero sabor del alcohol.

El alcohol no sabe bien. Sabe horrible. La Madre Naturaleza nos ha dotado de glándulas gustativas que no son un capricho natural. A lo largo de millones de años, se han adaptado para avisarnos de potenciales peligros, como ingerir plantas venenosas o comida en mal estado. Algo nos sabe mal porque nuestro cuerpo, a su manera, nos avisa de que podría ser dañino.

¿Crees que el alcohol es natural? El alcohol surge de la putrefacción de las plantas (y después se filtra mediante destilación, o se deja pudrirse más hasta que la cosa fermenta). Por supuesto que tiene mal sabor. Con ese mal sabor, nuestro cuerpo nos avisa de que estamos ingiriendo veneno.

Los sabores más o menos agradables de las bebidas alcohólicas son debidas a los aditivos, que camuflan el mal sabor del veneno. El vino es básicamente alcohol y zumo de uva. ¿Qué tal un poquito de arsénico y un buen chorro de zumo de naranja para pasarlo mejor?

Trampa del alcohol Luis Miguel Real 2

3. El alcohol envalentona

El alcohol no te hace más valiente. El alcohol es un depresor del sistema nervioso. Hace que sintamos menos, es un anestesiante. Hace que sintamos menos miedo. ¿Y es eso bueno?

El miedo es una emoción natural que hemos desarrollado a lo largo de millones de años de evolución. El miedo está ahí para avisarnos de un potencial peligro, para que seamos cuidadosos, o lo evitemos. La ausencia de miedo no es ser valiente, es ser un inconsciente y comida de tigres.

Si nos encontrásemos por el bosque con un animal peligroso, el miedo nos avisaría para irnos de allí, o para prepararnos para defendernos del animal. Si no tuviésemos miedo, seguiríamos caminando tan tranquilos, hasta que el tigre se nos merendase. Los individuos que no tenían esta respuesta de miedo, murieron jóvenes, sin descendencia, y hemos evolucionado de los que desarrollaron esa habilidad natural que a veces llamamos sentido común.

Ser valiente es actuar a pesar del miedo. El alcohol es una vía de escape, taparnos con una manta para no ver al monstruo que sale que debajo de la cama. El alcohol tapa el miedo, y no nos deja ser valientes.

4. El alcohol desinhibe

La inhibición es algo muy parecido al miedo. Está ahí para prevenirnos de hacer el ridículo, o de hacer algo estúpido (en cuanto a nuestros aprendizajes sociales que hemos adquirido a lo largo de la vida para convivir en sociedad, por ejemplo). Cuando nos pasamos con unas cuantas copas, perdemos el acceso a esos aprendizajes, y acabamos diciendo o haciendo cosas que no haríamos si estuviésemos en nuestras plenas facultades.

¿Acaso somos esa persona? Es el alcohol el que habla. Es como conducir, y soltar el volante mientras pisamos el acelerador. No tenemos control alguno. A más bebemos, menos control y capacidad de gestión tenemos. Somos un peligro andante.

5. Beber me ayuda a socializar

Otro bulo. No eres más sociable cuando bebes alcohol. Si por sociable entendemos causar una buena impresión en los demás y dar una buena conversación, el alcohol nos hace lo contrario de sociables.

¿Cuantas veces, tras varias copas, has acabado haciendo algo ridículo de lo que te arrepentiste a la mañana siguiente? ¿Quedaste muy bien socialmente? ¿Y mientras hablabas de tonterías a esa persona que te gustaba, y te acercabas con el aliento apestoso a alcohol? ¿Causaste muy buena impresión? Si la otra persona no estaba tan borracha como tú, probablemente NO causaste una buena impresión.

Trampa del alcohol Luis Miguel Real 4

Piensa en los niños (o en ti en tu infancia). ¿Necesitabas alcohol para disfrutar de una fiesta de cumpleaños? Nos han lavado el cerebro y hecho pensar que necesitamos alcohol para disfrutar de la vida y de los demás.

6. El alcohol calma

De forma muy parecida al miedo, el alcohol apaga nuestros sistemas perceptivos y nos deja indefensos. ¿Te has fijado en los pájaros que se posan en algún árbol? ¿Qué hacen cuando surge algún ruido muy fuerte? Se las piran. Es lo que los mantiene con vida, porque han aprendido que ese tipo de señales podrían ser el aviso de un depredador que se los pudiese comer, como por ejemplo un gato.

La calma no es la ausencia de señales de alerta. Y esto os lo confirmará cualquiera de vuestros instructores de mindfulness. La calma es saber vivir con las señales de alerta, y no sobre-reaccionar a ellas. Que los simples latidos de nuestro corazón o los ruidos de los coches en la calle no supongan un sufrimiento para nosotros.

Suena la alarma de incendios, ¡vamos a apagarla para que no suene y así estar más tranquilos en nuestra “calma”! ¡Qué idea tan inteligente!

7. El alcohol me hace disfrutar más

Nos ha pasado a todos, que hemos hecho del alcohol una parte de muchos rituales, sobre todo de celebración. Ocasiones y fechas especiales. Una graduación, un viaje, un compleaños, una boda. Pero, ¿de dónde viene el disfrute?

El alcohol no es la causa del disfrute. El disfrute viene de la situación y de las personas con las que la compartimos. Una vez me contaron una muy buena historia sobre ésto:

Dos amigos que, desde hacía años, hacían un viaje juntos todos los veranos. Habían instaurado como tradición que, el primer día de esas vacaciones, se sentarían a contemplar la puesta de sol desde donde estuviesen. ¡Qué felicidad estar vivos, estar juntos, con la perspectiva de varios días libres por delante en un lugar tan maravilloso como aquel! Y siempre acompañaban este pequeño ritual de celebración abriendo una botella de champán.

Llegó un momento en que uno de los dos amigos se hizo abstemio, y dejó el alcohol. Al comenzar el viaje y caer en la cuenta el otro amigo, dijo: “¡Ya no podremos disfrutar de nuestro ritual juntos!”

El otro se extrañó. Reflexionó sobre ello, y aunque él se tomase un zumo de frutas o cualquier otra bebida, ¿de verdad no podían disfrutar de ese momento de celebración si no bebían algo alcohólico los dos? ¿Iba a ser tan diferente?

En ese momento, entendió que el disfrute del momento venía de la compañía de un buen amigo, la excitación de un lugar nuevo, las expectativas ante unos días de vacaciones y relax, y la belleza de contemplar una puesta de sol en el mar. El alcohol solo era un desagradable decorado. ¡Se dio cuenta de que no lo necesitaba para disfrutar de ese momento! Es más, sin alcohol, podía disfrutarlo incluso más.

Seguro que habrás visto por la televisión cómo en eventos deportivos, los victoriosos descorchan una botella de champán y empapan a todo el equipo para celebrar. No se lo beben. No lo necesitan 😉

8. Solo algunas personas pueden desarrollar dependencia: yo no.

Claro. Por eso siempre repites con orgullo que algunas veces has estado sin beber X días o semanas. Pero al final volviste. No podías esperar tanto tiempo sin beber. Lo necesitabas (pensabas que lo necesitabas).

Ya eres dependiente, y por muchos años probablemente. No puedes pasar sin tu dosis semanal, y probablemente la esperas con ansias toda la semana. Puedes seguir contándote a ti mismo las historias que quieras para justificar tu consumo. El alcohol es veneno, y es uno de los mayores timos (¡y mejores estrategias de márketing!) de la historia de la humanidad.

Y para terminar éste artículo, os dejo con otro vídeo muy interesante del tema.

No olvides compartir el artículo, y dejar comentarios con tu opinión. Y no dudes en contactarme si tienes preguntas, o necesitas de servicios de psicoterapia porque has decidido desterrar ese veneno de tu vida.

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Luis Miguel Real, psicólogo en Valencia, y autor de blog.

Luis Miguel Real es psicólogo en la ciudad de Valencia (número de colegiado: CV14890). Ofrece servicios de psicoterapia, coaching y formación. Está especializado en el tratamiento de adicciones, además de en terapia Gestalt, terapia cognitivo-conductual y técnicas de coaching.

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