▷ Las diferencias clave entre adicciones químicas y no químicas

¿Cuáles son las diferencias clave entre adicciones?

Cuando se habla de adicciones, ya no se habla solamente de adicción a sustancias.

Hace décadas, en el ámbito del tratamiento de las adicciones se trabajaba solamente con problemas de consumo de alcohol, cocaína, heroína, tabaco… pero muchos otros tipos han sido reconocidos ya, como la adicción al juego, a las nuevas tecnologías o al sexo.

Existen las llamadas adicciones químicas, o tóxicas, por consistir en el consumo de una determinada sustancia, o no-química, no-tóxicas, o conductuales, las cuales consisten en llevar a cabo un comportamiento, sin la implicación del consumo de una sustancias. ¿Qué tienen en común todas las adicciones?

Lo que las adicciones tienen en común

Lo que todas las adicciones tienen en común es que la persona sufre pérdidas de control en cuanto al consumo o uso de determinada conducta. Este es el elementos principal que caracteriza a toda adicción, que la persona consume o lleva a cabo una determinada acción repetidamente, aún sabiendo que no debe o que puede significar grandes pérdidas a varios niveles.

«Dispuestos a perderlo todo»

Aunque en la dramatización propia del cine, esta escena de la película «Diario de un rebelde», ilustra muy bien cómo una persona con una adicción puede llegar a hacer lo que sea a pesar de las consecuencias que ello conlleve:

Sobre las adicciones químicas

Adicciones Químicas Luis Miguel Real

Este tipo de adicción se refiere a cuando una persona es adicta a una sustancia o compuesto químico que le brinda el estado de satisfacción o bienestar. La persona  recibe una recompensa al consumir, debido a los efectos químicas que produce en su cerebro.

El problema es que el cerebro reacciona tras el uso prolongado y se adapta, reduciendo la cantidad de efecto de la sustancia con el tiempo; aquí se desarrolla la tolerancia a la sustancia, y la persona con adicción necesita aumentar las dosis y consumir más y más para disfrutar de los mismos efectos que antes.

Entre las sustancias químicas, podemos encontrar muchas legales, como el alcohol, la cafeína, o la nicotina (principio activo del tabaco, presente en los cigarrillos); mientras que también se incluyen a una gran cantidad de drogas ilegales, como la marihuana, la cocaína, la heroína, el MDMA, el éxtasis, etc.

La persona con adicción depende de las existencias de la determinada sustancia. Si no puede acceder a ella, o comprarla, no puede consumir.

En la mayoría de los casos, las personas con adicción se frenan cuando ya no les queda dinero, y han de buscar formas alternativas de financiación si quieren seguir consumiendo.

Es muy común que después de éste punto, pidan dinero prestado a sus amigos o familiares de forma reiterada, y en los casos más graves, incluso robar.

Sobre las adicciones  no químicas o conductuales

Adicciones conductuales Luis Miguel Real

Aquí nos referimos a cuando una persona es adicta a algún tipo de comportamiento que le genere esa sensación de bienestar. A pesar de no hacer uso de ninguna sustancia, estos individuos pueden presentar síndrome de abstinencia (psicológico) muy similar a los que consumen drogas.

Los más comunes son la ludopatía (adicción al juego), adicción a la comida, al trabajo, a la actividad física o al ejercicio, a los videojuegos, a las redes sociales, al sexo, o incluso a las compras. Existen todo tipo de adicciones de ésta clase.

A diferencia de con las adicciones a sustancias, y dependiendo de la naturaleza de la adicción, no tienen porqué estar limitadas por el dinero.

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Una persona con adicción a los videojuegos o a las redes sociales puede seguir obteniendo placer de esa acción sin tener dinero. La adicción a los juegos de azar sí que está restringida por la cantidad de dinero disponible.

Las mayores limitaciones para llevar a cabo esas actividades pueden ser logísticas (batería del móvil, conexión estable a internet, dinero) o sociales.

Estas adicciones suelen estar mucho más ligadas a la tecnología, y los avances tecnológicos suelen cambiar el paradigma.

Por ejemplo, con el surgimiento de las apuestas online, los jugadores tienen la opción de jugar desde el anonimato e intimidad que les ofrece su teléfono móvil, sin tener que aguantar las miradas y juicios de las personas a su alrededor (como podría ocurrir jugando en la máquina tragaperras del bar del barrio).

Es decir, cambian las reglas del juego en pocos años, y a los profesionales e instituciones no les da tiempo a adaptarse a tiempo.

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