Relaciones tóxicas: ¿cómo reconocerlas?

Para empezar, hemos de definir qué es una relación tóxica. Seguro que cuando
alguien te insulta de forma directa tienes claro que existe una relación de
maltrato, ¿Verdad?

Sin embargo, el principal problema en las relaciones tóxicas es
que a menudo no nos damos cuenta de que estamos en ellas, pues no sabemos cómo reconocerlas. ¿Por qué crees que una de las drogas más difíciles de dejar es el alcohol? Porque está socialmente aceptada. Lo mismo ocurre con las relaciones de dependencia.

«La relación consiste en buscar la forma de conseguir la mutua satisfacción o gratificación»

Jiddu Krishmanurti

Cuando las cosas no van bien, intentamos normalizar la situación y «quitarle hierro al asunto» con todo tipo de excusas y justificaciones de la situación. Y no solo usamos estas excusas para justificarnos antes los demás, sino sobre todo ante nosotros mismos… Y seguro que has gastado una gran cantidad de energía y tiempo en centrarte en el otro: en poner la culpa en la otra persona, en describir lo mala persona que es, y las horribles cosas que hace o dice.

Te propongo que, al menos hasta el final de éste artículo, dejes de pensar en qué hace
o dice el otro y te centres en lo que piensas y haces tú con lo que el otro te ofrece.
Te aseguro que todas las respuestas están en ti.

Muy a menudo,confundimos el amor con la persona que es objeto de nuestro amor, o la imagen o símbolo. Y nos olvidamos del amor que sentimos dentro de nosotros, y por distracción con el símbolo externo, el amor que antes experimentábamos de forma genuina se va oscureciendo, y sólo queda otra cosa… Cegados por símbolos o falsas expectativas o promesas, nos quedamos sufriendo en una relación tóxica, que nos hace daño y ya no nos aporta amor o bienestar.

¿Cómo saber si estamos en una relación tóxica?

-Sufres con la relación

-Te cuesta dar el paso de dejarla, aún siendo consciente de que ya no disfrutas

-La otra persona ya no te inspira tanto amor y cariño como antes, sino rabia, irritación, o incluso miedo

-Actúas de forma poco habitual en ti, empiezas a dudar de que estés desarrollando algún problema emocional

-Intentas cambiar a la otra persona por todos los medios (y por supuesto, sin lograrlo)

-Has dejado de ser la misma persona: lo notas, y otras personas de tu entorno también te lo han hecho saber

-Piensas que esa relación define tu vida y tu estado de ánimo

-Piensas que estás en un bloqueo, sin poder avanzar en tu vida

¿Te identificas con algunas de las afirmaciones anteriores? Entonces, es hora de que pienses en ti y reflexiones sobre lo que esta relación está trayendo a tu vida. Probablemente tampoco sea bueno para la otra persona que esta relación siga así.

Es hora de hablar y ver hacia dónde va esta relación. Échale un vistazo a mi artículo sobre la Comunicación No Violenta, un método muy útil para comunicar nuestras emociones y necesidades a otras personas.

Terminar con la relación no tiene porqué ser la única opción. Es posible que si ambas partes son sinceras la una con la otra y tienen voluntad para tener en cuenta las emociones y necesidades de la otra persona, la relación aún pueda llegar a algún sitio. Ante todo, una relación es un barco remado por todas las personas implicadas, siendo ambas conscientes del destino común hacia el que reman.

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