De las resoluciones a la acción: Cómo crear hábitos sostenibles

Una resolución de Año Nuevo es una tradición en la que una persona decide cambiar un rasgo o comportamiento no deseado con el fin de lograr un objetivo personal, mejorar su vida o manifestar una mejor versión de sí misma. Lo que hay ahora no me gusta, quiero crear un nuevo contexto.

Pero el Año Nuevo sólo es una excusa de masas. Culturalmente, todos nos ponemos de acuerdo en que el 31 de diciembre es el fin de un ciclo y el 1 de enero es el comienzo de otro (esto es artificial). Sin embargo, podemos tomar decisiones de cambio en cualquier momento del año o de nuestra vida. Empezar el 1 de enero es tan bueno como empezar el 18 de febrero o el 12 de julio.

Aprender nuevas habilidades, enfrentarnos a antiguos miedos, mejorar nuestros hábitos alimenticios y dieta, hacer más ejercicio, mejorar nuestra autoestima, profundizar nuestras relaciones, conseguir libertad financiera, cambiar nuestros patrones de pensamiento, hacernos más positivos y optimistas, quitarnos vicios, terminar relaciones tóxicas o empezar otras, disfrutar de la vida al máximo… Sean cuales sean tus resoluciones, son deseos, objetivos o metas, que crees que traerán algo bueno a tu vida y te ayudarán a ser más feliz y a vivir una vida más plena.

Suena precioso, pero la cosa se puede volver difícil al girar a la siguiente esquina. Más a menudo de lo que nos gustaría, las resoluciones empiezan de manera muy optimista, y caen en saco roto ¿Te suena?

¿Sabías que solo una pequeña parte de la gente mantiene sus resoluciones de Año Nuevo? Alrededor de tres semanas más tarde, tendemos a volver a nuestros viejos patrones y nos encontramos justo donde comenzamos.

¿Por qué me resulta complicado cumplir con mis propias resoluciones?

Nuestras resoluciones son fruto de decisiones, y son importantes para nosotros. ¿Porqué fracasamos tan a menudo? ¿Qué se suele interponer en nuestro camino?

Influyen muchos factores: establecer objetivos poco realistas, dejarnos llevar por una moda y decirnos a nosotros mismos que “eso es lo que necesito para ser más feliz”, adoptar una mala actitud interior, victimizar y culpar de nuestras dificultades al entorno, no ser consecuentes con nuestras decisiones, o no estar presente en el aquí y ahora…

Nos podemos poner muchas piedras en el camino hacia el cambio duradero, hay muchas fuentes de resistencia, y aún así, podemos superarlo y hacer que las cosas sean diferentes.

¿Cómo podemos mantener nuestras resoluciones y tener éxito?

Párate a pensar, medita y reflexiona. ¿Cuál es el dolor? ¿Qué echas en falta en tu vida? ¿Cómo puede ese nuevo hábito traer más de esto o aquello a tu vida? ¿Eres consciente del precio y de lo que conlleva? ¿Estás dispuesto a pagar ese precio? ¿Estás dispuesto a renunciar a la comodidad de las viejas costumbres y a experimentar el malestar de romper viejas rutinas y crear nuevas? Quieres cambio, y ¿estás dispuesto a cambiar?

“La mejor forma de nutrir tus resoluciones es pensar en ellas como nuevos hábitos a largo plazo, donde, al mismo tiempo, el momento presente es lo único que importa. La presencia es la piedra angular del proceso. Es lo que te ayudará a mantener viva tu resolución. Cada momento es importante, cada momento es una oportunidad de fortalecer tu resolución. Estar presente te ayudará a ir realizando pequeños cambios que de forma acumulativa marcarán la diferencia e instaurarán los nuevos hábitos”

Jorge Benito

La mayoría de las veces, eso es lo que falla: nos enamoramos de las expectativas que hemos creado alrededor de esa nueva práctica, y nos desilusionamos cuando experimentamos el malestar o la incomodidad que supone implantar cambios verdaderos. La pereza nos consume, y volvemos a sentarnos en el sofá a ver la tele con una cerveza en la mano, y a tranquilizarnos a nosotros mismos con algo así como “bueno, el año que viene será”.

Sabemos que sostener la motivación y perseverancia a veces es bastante desafiante: nuestra mente de mono y nuestro estilo de vida silenciosamente nos distraen y nos alejan de nuestras propias resoluciones. Es por ello que es tan importante encontrar la orientación correcta.

La transformación personal no siempre es fácil, y recibir ayuda de un profesional que te apoye realmente marcará la diferencia.

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1. Encuentra tu motivación

Ese es el fallo de base. La motivación no es algo que cae del cielo o te encuentras debajo de una piedra. La motivación se crea. El preguntarnos dónde estará la motivación no suele traer motivación, la acción trae la motivación. El resto son excusas. “No tengo tiempo”. Esa es una de las peores. Para ver la tele o estar en Facebook casualmente sí que tienes tiempo. El tiempo se saca. En el momento en que te das cuenta de que es elección tuya a qué dedicar cada segundo de tu tiempo, recuperas tu poder.

2. Visualiza tu meta

Pregúntate dónde estás y adónde quieres llegar. Sé específico. Los objetivos vagos e inespecíficos están condenados al fracaso: “hacer más ejercicio”. ¿Cuánto es “más” ejercicio? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cómo sabes si lo has conseguido?

Pero “Salir a correr mínimo tres veces por semana, por las mañanas, levantándome a las 7:00, corriendo 15 minutos alrededor del paseo marítimo que hay cerca de casa” ya suena mucho mejor, ¿verdad?

3. Hazte un plan

Visualiza y escribe exactamente qué pasos necesitas tomar para alcanzar tu meta, durante cuanto tiempo. ¿Quién puede ayudarte o darte apoyo en ésto? ¿Qué recursos materiales necesitas?

Visualiza los obstáculos que podrías encontrar en tu camino, e idea estrategias para evitar o superar esos pequeños obstáculos. La preparación puede ser la parte más importante de muchos procesos de éxito. No lo dejes al azar. Siéntete en control de la situación.

También sé realista y define una curva de aprendizaje con sentido. Si quieres empezar a correr regularmente y quieres empezar corriendo todos los días una hora antes de desayunar, tu proceso está condenado al fracaso. Hazlo gradual, y cuidando de ti. Tal vez empezando con 15 minutos, e ir aumentando progresivamente, hasta que en unos meses seas capaz de correr durante una hora entera sin desfallecer.

Prepara los pasos de tus ritual de antemano. Si temes que te pongas perezoso por la mañana al intentar levantarte y prepararte la ropa para correr, o la esterilla para meditar, etc… puedes preparártelo la noche de antes, por ejemplo. Al levantarte, puedes encontrarte ya con todo lo que necesitas, así no tendrás que poner mucho esfuerzo al despertar, y reducirás la posibilidades de que te eches atrás.

Cuando lleves tiempo practicando los pasos de tu plan, tu cerebro automatizará el proceso y cada vez te costará menos. Habrás creado una rutina real.

4. Incentivos a corto plazo: celebra tus logros

Muchas veces, además de los objetivos poco específicos, encima son a largo plazo. Nos imaginamos a nosotros mismos dentro de un año, con abdominales marcados, 20 kilos menos, y pectorales de culturista. Eso puede ser muy bonito, pero esa mera imagen a largo plazo no basta para mantenernos motivados durante el año entero. Y lo sabes, porque seguro que te están viniendo muchos ejemplos a la memoria, de cómo a los pocos días o semanas de empezar el camino te fuiste deshinchando.

Necesitamos recompensas o incentivos a corto plazo para mantenernos en la carrera. Pequeñas celebraciones. Lo que me ayuda a levantarme de la cama por las mañanas para salir a correr no es sólo la imagen de mí mismo con mejor forma física dentro de un año, es la satisfacción y subidón de endorfinas que sé que experimentaré después de media hora de correr, o la bien merecida ducha de después, o que ésta semana aumento mi distancia total recorrida, o mi velocidad media.

También puedes ir dándote premios, siempre y cuando éstos estés alineados con lo que quieres conseguir. Si quieres bajar de peso, pero premias tu primera semana de gimnasio yendo al McDonald’s… la falta de coherencia hará que toda ese fantasía tuya caiga por sí sola antes de lo que te esperas 🙂

Busca razones para celebrar cada día y haz rituales de ellas. Entonces, lo que te sostendrá en el camino hacia la meta serán estos pequeños momentos, estas palmaditas a la espalda, y será el proceso lo que te traiga felicidad, no la lejana meta. Y antes de que te des cuenta, no solo habrás llegado a la meta antes de los esperado, sino que habrás llegado más lejos.

No hagas de esto una tortura: haz de ello un ritual que disfrutes.

5. Evalúa el proceso, haz ajustes

Probablemente no todo salga como esperabas a la primera, y te encuentre con obstáculos inesperados. Párate, respira y observa. Analiza qué ha ido mal, y cuál ha sido tu parte en ello. ¿Cómo podrías evitarlo en el futuro? ¿Qué acciones o pasos podrías llevar a cabo para corregir el proceso? ¿Has de ajustar tus objetivos, o es la práctica?

Con estos pequeños ajustes, vuelve a la carrera, con la satisfacción de haber mejorado con el proceso. Revisa tus avances y lleva un seguimiento continuado de tus prácticas y sus resultados.

Gracias por haber llegado hasta aquí. Y como premio te dejo un vídeo muy chulo que resumen muchos de los puntos del artículo. ¡Que disfrutes de tus nuevos éxitos!

 

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