Cómo las redes sociales pueden desconectar a las parejas

Sin duda, vivimos en tiempos interesantes. La tecnología domina cada esquina y cada aspecto de nuestras vidas. En muchos casos, para facilitarlas. En otros, para complicarlas todavía más.

Estamos acostumbrados a que los dispositivos electrónicos estén a nuestro alrededor y recurramos a ellos de forma inmediata cuando necesitamos algo.

Utilizamos Google para buscar información, utilizamos el GPS para que nos indique cómo llegar a un sitio, y utilizamos las redes sociales para comunicarnos con otras personas.Nos hemos acostumbrado a recibir un torrente casi continuo de información mediante internet.

Subimos fotos de nuestras vacaciones, contamos prácticamente en directo lo que estamos haciendo; entramos en el perfil de nuestros amigos, parejas, ex parejas. Escribimos un whatsapp y pretendemos que nos contesten de forma inmediata; miramos la última hora de conexión y nos molestamos si nos “dejan en leído” sin contestar.

La era de la tecnología permite que estemos en contacto con el mundo y con cualquier persona, sabiendo en todo momento lo que los demás están haciendo, incluyendo (por supuesto) nuestra pareja.

Sabemos con quién está, con quién intercambia comentarios o quién marca sus fotos con Likes. Sabemos de quién es amigo, cuándo está online, se puede saber incluso su ubicación…

La tecnología nos brinda muchas comodidades, pero también muchas oportunidades para el exceso y el mal uso. Sin embargo, podemos encontrar consecuencias negativas si no se hace un uso adecuado de ella.

Se han a menudo casos en que las personas sufren ansiedad o incluso celos patológicos, por imaginarse que su pareja podría estar engañándoles, y no saber cómo parar esas corrientes de pensamientos.

Un cóctel peligroso: tu pareja, tu móvil y tú

“Avísame cuando llegues”, quizá la frase más repetida cuando nuestra pareja se va de viaje; ¿quién no quiere saber que ha llegado bien a su destino?

Todos nos preocupamos y utilizamos las redes sociales para aliviar nuestra angustia, y en este sentido la tecnología es una gran aliada a nuestro favor. Si vamos a estar separados mucho tiempo… ¡es lógico querer saber de esa persona!

Sin embargo, no es extraño conocer parejas que van más allá. Piensa en la gente de tu alrededor, ¿cuántas llamadas reciben de sus parejas, cuando van a verse horas después? ¿Cuántas veces están hablando con ellas por whatsapp? Existen relaciones en las que el contacto es prácticamente de 24 horas… llegando a buscar un control absoluto por conocer dónde y qué hace la otra persona en todo momento.

Echemos la vista atrás hasta hace tan solo unos pocos años, cuando aún no habíamos comenzado la era de la tecnología. Nos despedíamos de nuestra pareja y salíamos de casa dispuestos a pasar el día con nuestros amigos celebrando esa barbacoa que tanto tiempo llevábamos planeando.

No volvíamos a casa hasta después de la hora de cenar, y entonces le contábamos a nuestra pareja (con la que no habíamos tenido contacto desde que salimos de casa) todo lo que habíamos disfrutado. Repito una frase: no habíamos tenido contacto con nuestra pareja desde que salimos de casa; ¿y qué pasaba? Nada. Absolutamente nada.

Revivamos esa misma situación en la actualidad y con una pareja como la descrita anteriormente como protagonista. Si hacemos la misma pregunta… ¿Qué hubiera pasado? La respuesta, probablemente, habría sido distinta.

Si hemos adoptado en nuestra relación la rutina del contacto continuo telefónico, y en nuestra apasionante barbacoa no hemos contestado las llamadas o mensajes de nuestra pareja, es posible que el recibimiento en casa estuviese marcado por los reproches y alguna frase del tipo “no he sabido nada de ti en todo el día, estaba preocupado/a”.

¿Qué ha cambiado de unos años aquí para que, ante la misma situación, ahora nos suponga un problema no tener información sobre lo que hace nuestra pareja? ¿Son las redes sociales la causa del malestar y de la toxicidad de muchas relaciones?

No, las redes sociales no son la causa. Sino el mal uso que hacemos de esa herramienta.

La tortura de nuestra imaginación

¿Quién no ha cotilleado los like de una foto? ¿Quién no se ha preguntado quién era cierta persona? En algún momento de nuestra vida, todos lo hemos hecho. ¡Seamos sinceros! El ser humano es curioso por naturaleza.

Y esto, si se queda ahí, no tiene ningún aspecto negativo. Ahora bien, en ocasiones esa curiosidad y deseo de saber más, nos lleva a indagar y a hacernos preguntas, muchas veces, sin respuesta.

Y de la misma forma que el ser humano es curioso, también tiene la necesidad de buscar explicaciones de aquello que le rodea, lo que nos impulsa a progresar. Sin embargo, son numerosas las ocasiones en las que tendemos a imaginar mil posibles respuestas a una pregunta…especialmente cuando se trata de personas a las que queremos.

Existen relaciones en las que se observa cualquier actividad de la pareja en redes sociales, indagando comentarios recibidos en publicaciones que, en ocasiones, al carecer de un contexto en el que englobarlos, son mal interpretados.

Esto puede generarnos cierto malestar y desencadenar en un estado de alerta ante cualquier indicio que interpretemos como mentira.

Sí, has leído bien: que interpretemos. Cuando creemos que nuestra pareja nos miente u oculta algún aspecto de su vida, nos volvemos hipervigilantes intentando descubrir cualquier indicio de ello; es decir, nuestra atención se centra exclusivamente en averiguar aquello que creemos. Esto nos genera un estado de alerta y tensión que puede repercutir en nuestra relación.

¿Por qué las redes sociales destruyen unas relaciones y no otras?

Cualquier invento que desarrolle el ser humano no es per se positivo o negativo. Este calificativo viene determinado por el uso que nosotros le demos. ¿Vamos a negar que la tecnología nos ha facilitado la vida? ¿O que no ha supuesto mejoras en cuestiones relativas a la salud, como mejora en las intervenciones quirúrgicas?

Entonces, ¿por qué parece que en las relaciones las redes sociales son perjudiciales? Como otros inventos del ser humano, la tecnología no es buena o mala; lo será en función de cómo la manejemos.

Ver comentarios en el muro de nuestra pareja o descubrir a quién tiene como amistades no nos hace desconfiar. Esa es una elección que hacemos. Se trata, más bien, de que son las personas celosas o desconfiadas las que aumentan estas sensaciones al indagar compulsivamente los perfiles de sus parejas.

Por tanto, si alguien está sumergido en una relación tóxica, tenderá a ver indicios de mentiras por parte de su pareja en ciertos detalles ambiguos; si alguien es celoso de base, sentirá un aumento de la ira al ver un comentario en una publicación y carecer de un contexto donde encuadrarlo; si alguien, en cambio, mantiene una relación sana y con una base de confianza, no dará importancia a quién comenta o añade su pareja a sus redes sociales.

Y tú… ¿en qué tipo de relación te encuentras?

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