Las metas son para perdedores: 7 razones por las que la gente fracasa en sus propósitos de Año Nuevo

Éste año es mi año…

Personas que sistemáticamente se ponen los mismos propósitos cada año, y fracasan sistemáticamente.

¿Es realista lo que se han puesto? ¿Se han planteado el porqué quieren hacer eso? ¿Saben cómo hacerlo?

La mayoría de personas no sabe cómo llevar los deseos y propósitos a la práctica y transformarlos en hábitos, y eso sin hablar del estrés que ya traen de por sí las navidades.

El problema no es ponerse metas: el problema es ponerse metas mal. Y mejor que ponerse una meta es crear un sistema. No es lo mismo ponerme de meta «perder 10 kilos» que implementar el sistema de «no comer basura». Los resultados a largo plazo son muy diferentes.

Te voy a contar 7 razones por las cuales la gente fracasa en sus propósitos de Año Nuevo:

1. Tratar una maratón como si fuese un sprint

Muchas personas se meten en éste lío de cambiar sus vidas con un enfoque erróneo.

Lo quiero, y lo quiero ya

Y claro, les cuesta reconocer y aceptar que los cambios significativos, si son significativos, necesitan de tiempo y paciencia.

Los corredores de maratones, al menos la mayoría, no son los más rápidos. Al contrario, son corredores de resistencia. Son conscientes de que si empiezan muy fuerte al principio, flojearán y sufrirán mucho más tarde durante la carrera. Lo que importa es terminarla.

Las prisas no son buenas, y menos en las cosas importantes.

2. Vender la piel antes de cazar el oso

Hacer muchas promesas y compromisos, antes de haber avanzado siquiera un palmo. En éste país tenemos fama de bocazas, y por ésta actitud se debe.

3. Mucho pensar, poco hacer

Muchas apps de planificación y calendarios y cálculos, pero en todo ese planear, se nos olvida que lo único que queremos es empezar a correr por las mañanas. ¿No ayudaría dejar de pensar y ponernos a correr ya un poquito para ir calentando al menos?

4. No disfrutar del proceso

Convertir un nuevo hábito en una obligación y una tortura suele ser el error más garrafal, y a éste debemos la mayor parte del dolor de los propósitos de año nuevo (el resto a la frustración de haber fracasado y posponerlo para el año que viene).

¿Para qué vas a ir a gimnasio, si no te gusta? Ver muchas fotos en las redes sociales nos hace pensar que queremos eso, pero con frecuencia confundimos un símbolo con otro.

A lo mejor lo que de verdad necesitas es moverte más para estar sano, no obligarte a ir una hora al gimnasio todos los días si te aburres.

Muchas personas caen aquí porque, al no enfocar el proceso como algo que puedan disfrutar en el día a día y no suponga un sacrificio, han de esforzarse demasiado.

5. No contar con apoyo

Ya puede ser difícil levantarnos a las 6 de la mañana para hacer ejercicio si no estamos acostumbrados, hacerlo solos nos garantiza volvernos a la cama impunes si nos asalta la pereza o nos acordamos de que fuera hace frío.

Pero claro, si sabemos que alguien nos está esperando en el parque en 15 minutos para salir a correr por el barrio, pues claro, nos sabe mal dejar tirada a la otra persona.

Y también ayuda tener a alguien que nos dé una buena patada para recordarnos que hemos de salir de la cama. Así sí.

6. No hacer un seguimiento de los avances

De nada sirve montarnos un plan super chulo si luego no lo consultamos, ni tomamos medidas en caso de que nos estemos desviando del plan inicial.

La meta mola, pero es más importante el sistema que implementemos para hacer ésto duradero. Ni te imaginas la de cantidad de gente que vuelve a engordar después de perder los deseamos 5 kilos.

7. Saber el qué, pero no el para qué

Está guay hacer ejercicio, o adelgazar, o dejar de fumar, o volvernos vegetarianos, pero a menos que vayamos a disfrutar del proceso y sea reconfortante por sí mismo, necesitamos tener claro para qué estamos haciendo eso.

¿Qué es lo que esperamos conseguir a cambio de ese esfuerzo?

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